En 2015 arribamos al aserradero, un recinto alejado del entorno del arte contemporáneo sin apoyo, aval o legitimación institucional, para lograr darle una jubilación de privilegio.
En 2017 mudamos esa idea al espacio entre dos museos, lo que supuso una irrupción opuesta al aserradero, aunque se mantuvo en diálogo con el espacio que lo contenía, en un contexto de Bienal de arte.

C.I. Ir sería distinto: Se desarrollaría en un polo educativo, científico y académico, donde las incidencias supondrían un paralelismo en la pedagogía que abriría puertas poco conocidas a los estudiantes, sea por las disciplinas que abordamos, o por como lo hacemos. 
Lo afrontaríamos con un grupo más grande, por lo cual sumariamos experiencias, conocimientos y oficio. 

 

Entonces, como parte de un proyecto de extensión montamos un laboratorio de arte en el edificio anexo de la FADU (donde se realizan talleres productivos, certificaciones técnicas, se dan clases de Arquitectura y Diseño industrial, etc.) en un espacio lindante a la calle, totalmente vidriado, que servía de conexión visual con el barrio.

14 artistas trabajaron en este espacio a modo de taller provisorio que funcionaba para armar las obras que montarían en el mismo espacio, o en la Casa del Puente (una obra fundamental del Movimiento Moderno, en estado de semiabandono). 
Así, el ir como apéndice del proyecto, preocupado más por los procesos que los resultados y consciente de su irreverencia, se instaló tangencialmente en el arte de la ciudad.  

Mar del Plata

Julio a Diciembre de 2017